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Cómo la “Penca Forrajera” transformó la ganadería en La Rioja

La escasez hídrica y la falta de pasturas suelen ser la sentencia de muerte para la ganadería en zonas áridas. Sin embargo, en la provincia de La Rioja, el productor Sebastián del Moral ha demostrado que el ingenio y la observación de la naturaleza pueden romper cualquier paradigma. Su método: convertir al cardón sin espinas (penca) en el pilar de su sistema productivo.



El "Tanque de Agua" verde 


La penca forrajera no es solo alimento; es, fundamentalmente, agua sólida. Compuesta por casi un 90% de líquido, permite que el ganado subsista y produzca en condiciones extremas. Del Moral ha documentado casos asombrosos de vacas con cría que pasaron hasta 120 días sin beber agua directa, hidratándose exclusivamente a través de la planta.


Eficiencia de escala


De la escasez a la intensidad Lo más disruptivo del sistema es el cambio en la carga animal. Mientras que en el monte riojano tradicional se requieren entre 10 y 12 hectáreas para sostener a una sola vaca, el manejo intensivo de la penca permite:


  • Reducir la superficie a 1 hectárea por animal.


  • Alcanzar picos de 20 vacas por hectárea con sistemas de corte y acarreo.


  • Lograr implantaciones de hasta 20.000 plantas por hectárea, triplicando la biomasa disponible en menos de un año.



Tecnología y maquinaria 


Es clave destacar que este sistema requiere una logística de picado y distribución. Aunque la vaca puede comer la penca en pie, el aprovechamiento máximo se logra con procesadoras que cortan la planta para facilitar el consumo, optimizando cada gramo de nutrientes y agua.


Este modelo no solo es una respuesta a la sequía, sino una hoja de ruta para la ganadería del futuro en regiones marginales.



 
 
 

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